Skip to content

Precios y activación

48 horas de prueba con la página completa publicada, un plan simple por mes por MercadoPago y qué pasa si no activás a tiempo.

La prueba: 48 horas, página completa

Tu página nace publicada y completa. No es una demo recortada ni tiene marca de agua. Tenés 48 horas para compartirla, verla en tu teléfono y decidir. El panel muestra cuánto falta, y el sistema te avisa por mail un día antes y unas horas antes.

El plan

Precio $25.000 ARS por mes
Incluye Tu página completa, subdominio propio, el editor de diseño, regeneración cuando quieras y varias propiedades en el mismo sitio
Adicionales +$5.000/mes por cambio de subdominio extra (el primero es gratis)
Medio de pago Suscripción por MercadoPago
Permanencia Ninguna

Se activa desde el panel con el botón Activar: te lleva al checkout de MercadoPago y, al confirmarse, tu página queda activa. Te llega un mail de confirmación.

Si no activás a tiempo

  1. Al cumplirse las 48 horas, la página se pausa: quien entre ve un aviso prolijo de “en pausa”, no un error roto.
  2. Tenés 7 días para activarla desde el panel. Vuelve al instante, con todo como estaba.
  3. Pasados los 7 días, el sitio se elimina.

Cancelar

La suscripción se cancela desde MercadoPago cuando quieras. Sin permanencia y sin llamada de retención.

En profundidad: cuánto cuesta realmente tener una web y con qué se compara

Poner un precio en una página de documentación es fácil; lo difícil es contestar la pregunta que el anfitrión se hace de verdad, que no es “cuánto sale” sino “¿esto se paga solo?”. Vale la pena hacer esa cuenta con honestidad, incluso a riesgo de que en algún caso dé que no.

Empecemos por la comparación obvia. Una web hecha por un estudio para una cabaña, un complejo o un departamento de alquiler temporario en Argentina arranca en varios cientos de dólares y suele terminar bastante más arriba, entre diseño, carga de contenido y ajustes. A eso hay que sumarle el hosting anual, el dominio, y —esto es lo que nadie presupuesta— el mantenimiento: cada cambio de fotos, cada texto nuevo, cada actualización de plataforma es una conversación con alguien que a veces contesta y a veces no. La alternativa de armarla uno mismo con un constructor de sitios sale menos plata y cuesta más de lo que parece: la suscripción existe igual, y el trabajo de escribir, elegir fotos, maquetar y mantener recae entero sobre la persona que ya está limpiando, atendiendo consultas y coordinando el ingreso de las cuatro de la tarde.

Contra eso, el plan de Airbis es un monto mensual fijo que incluye todo lo que hace falta para que la página exista y siga viva: la generación desde tu publicación, el subdominio con certificado, la infraestructura, el editor de diseño con sus ocho estilos, las regeneraciones que necesites y tantas propiedades como tengas en el mismo sitio. No hay setup inicial, no hay costo por página, no hay límite de visitas, no hay un plan Pro que te aparezca cuando ya dependés del producto.

La segunda comparación es más útil todavía, porque es la que un anfitrión hace naturalmente: ¿cuántas noches tengo que vender de más para justificarlo? En la mayoría de los destinos argentinos, el plan mensual equivale a una fracción de una sola noche de temporada media. Una noche extra por mes, o dos por trimestre, que hubieras perdido porque alguien no te encontró en Google, o porque el link que le pasaste por WhatsApp lo llevaba a un buscador donde había otras cincuenta opciones, alcanza y sobra. Y eso sin contar el efecto que no se mide en reservas sino en precio: un alojamiento con web propia, con reseñas reales a la vista y un diseño cuidado, sostiene una tarifa que uno sin identidad no sostiene.

Ahora, la parte honesta. Esta cuenta no cierra para todo el mundo. Si alquilás una habitación quince noches al año en verano y no tenés ninguna intención de convertir eso en un negocio, Airbnb solo probablemente te alcanza y no hace falta que gastes un peso. El producto está pensado para el que ya trata su alojamiento como una operación: el que responde consultas todos los días, el que tiene Instagram de la casa, el que imprimió algo alguna vez, el que quiere volver a llenar el calendario con gente que vuelve. Para ese, no tener una dirección propia es una fuga silenciosa.

Sobre la prueba de 48 horas, la decisión de diseño más importante es que la página que ves durante la prueba es la página final. No hay funciones bloqueadas, no hay marca de agua, no hay “activá para publicar”. Está online, en tu subdominio, indexable y compartible desde el primer minuto. La razón es simple: un producto así no se evalúa mirando una maqueta, se evalúa mandándole el link a tu socio, a tu pareja y a un par de huéspedes que te escribieron esta semana, y viendo qué contestan. Dos días alcanzan para eso y no alcanzan para postergarlo eternamente, que es lo que pasa con las pruebas de treinta días.

La pausa también está diseñada pensando en el peor escenario, que es que la olvides. Cuando la prueba vence, la página no desaparece ni tira un error feo delante de alguien que estaba por reservar: muestra un aviso prolijo. Y queda siete días recuperable, tal cual estaba, con sus textos, su diseño y sus propiedades. Activás y vuelve al instante. Recién después de esa semana se borra de verdad, porque mantener sitios muertos indefinidamente no le sirve a nadie. Esa ventana existe para el caso real y frecuente: estabas en temporada alta, no leíste los mails, te acordaste el jueves siguiente.

Por último, la cancelación. Se hace desde MercadoPago, cuando quieras, sin escribirle a nadie ni escuchar una oferta de retención. Es coherente con el resto del producto: si la página te sirve, la vas a pagar; si no te sirve, retenerte a la fuerza solo genera resentimiento y una reseña mala en otro lado. Preferimos que la decisión sea fácil en las dos direcciones.

Navigation

Type to search…

↑↓ navigate↵ selectEsc close